El lenguaje y la palabra en sus múltiples dimensiones lectoras
LA LECTOESCRITURA DESDE LA PEDAGOGÍA Y FILOSOFÍA DEL LENGUAJE (28)
El lenguaje y la palabra en sus múltiples dimensiones lectoras
Galo Guerrero-Jiménez
Así como se trabaja para vivir y contribuir al desarrollo armónico de la familia y de la sociedad, así también se lee para vivir; se trata de un alimento altamente nutricional y profundamente intelectual y emotivo-espiritual que surge de la palabra altamente vitaminizada y que consta en la escritura de un texto, desde cuya alteridad no se puede eludir el factor biográfico que respira el texto, ni el factor biográfico que incide en el lector, y desde cuya vertiente histórico-socio-educativo-cultural es capaz de adentrarse en esa filosofía de vida textual, bien desde la ciencia, desde las artes, desde el humanismo, desde la cultura, o desde la literatura, dependiendo de sus afinidades para leer, y en cuya interioridad textual, el lector puede asumir
una ‘forma’ de habitar el mundo que ‘estructura’ la existencia, las historias de nuestra vida, desde el principio hasta el final, desde el nacimiento hasta la muerte. (…) [O también llegar a sentir] que leer es arriesgarse, (…) atreverse a vivir una vida vulnerable, una vida que deja el cuerpo herido, lleno de cicatrices que nunca van a desaparecer del todo. (Mèlich, 2020, pp. 18 y 15)
Pues, las variaciones tonales, o el hecho de descubrir una narratividad específica para leer dependen de muchos factores personales. No es lo mismo leer para cumplir una tarea educativa, o leer para aportar al desarrollo científico, técnico e investigativo de un tema, o leer para fortalecer mis conocimientos dentro del quehacer profesional u ocupacional, o leer libre y voluntariamente con la más viva pasión porque la curiosidad, el deseo de aprender, de descubrir mundos ignotos y de hacer que mi condición humana se sienta relajada y con un enorme placer cognitivo y metalingüístico para saborear el texto, porque la inclinación profundamente amorosa con el lenguaje y la palabra en sus múltiples dimensiones, me encaminan a disfrutar y a prepararme para enfrentar la realidad cotidiana desde la mejor vertiente de mi pensamiento, dado que el amor como pasión y como goce o deleite, me permiten un conjunto de reflexiones, como la de llegar a pensar, por ejemplo, que
como institución el autor está muerto: su persona civil, pasional, biográfica, ha desaparecido; desposeída, ya no ejerce sobre su obra la formidable paternidad cuyo relato se encargaban de establecer y renovar tanto la historia literaria como la enseñanza y la opinión. (Barthes, 2015, p. 41);
o también, la de llegar a asumir una postura controvertible, como la que señala Joaquín Rodríguez:
La idea de que leer y escribir pueden ayudarnos a comprender lo que sucede, a transformar por consiguiente nuestra percepción de las cosas y a contribuir a que seamos capaces de concebir y forjar realidades alternativas, tiene un indiscutible componente utópico, una energía inductora del cambio que se revela contra lo aparentemente irremovible, contra lo supuestamente inalterable. (2023, pp. 18-19)
O aquella sabrosa opinión del papa Francisco cuando discierne sobre fe y cultura, y en uno de sus acápites señala con enorme preocupación que:
¿Cómo podemos penetrar en el corazón de las culturas, las antiguas y las nuevas, si ignoramos, desechamos y/o silenciamos sus símbolos, mensajes, creaciones y narraciones con los que plasmaron y quisieron revelar y evocar sus más bellas hazañas y los ideales más bellos, así como también sus actos violentos, miedos y pasiones más profundos? ¿Cómo hablar al corazón de los hombres si ignoramos, relegamos o no valoramos ‘esas palabras’ con las que quisieron manifestar y, por qué no, revelar el drama de su propio vivir y sentir a través de novelas y poemas? (2024, p. 03),
haciendo alusión a la antropología e idiosincrasia de cada cultura que bien se la puede conocer y valorar desde el arte de la palabra literaria, ante todo, cuando esta penetra metafóricamente en el corazón humano desde la más viva expresividad de lo que implica la palabra como cohesión de una comunidad.
Referencias bibliográficas
Barthes, R. (2015). El placer del texto y lección inaugural. Traducción de Nicolás Rosa y Oscar Terán. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Mèlich, J-C. (2020). La sabiduría de lo incierto. Lectura y condición humana. Bogotá: Planeta.
Papa Francisco (2024). “Carta del Santo Padre Francisco sobre el papel de la literatura en la formación”. Roma:
https://www.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2024/08/04/240804a.ht ml
Rodríguez, J. (2023). Lectocracia. Una utopía cívica. España: Gedisa.