El brío del texto y la actitud de pensamiento del lector
LA LECTOESCRITURA DESDE LA PEDAGOGÍA Y FILOSOFÍA DEL LENGUAJE (18)
El brío del texto y la actitud de pensamiento del lector
Galo Guerrero-Jiménez
El lenguaje humano adquiere su madurez intelectual desde la fortaleza metalingüística, es decir, desde el mejor grado de concienciación de las palabras que se acomodan en la cognición de cada lector cuando se engancha con el texto desde su condición ideológica y desde la potenciación de la imaginación que, fenomenológicamente, proviene del grado de su cultura para analizar, disfrutar o cuestionar cada porción de lenguaje leído; por eso puede llegar a degustar del texto, sobre todo, cuando se deja impactar por el grado de profundidad que descubre en el decurrir del texto leído.
Llegar a conquistar el pensamiento del texto, lo que dice y cómo lo dice, por qué lo dice, en qué condiciones y bajo qué circunstancias aparece el brío del texto para que llegue a posesionarse del lector que, por su potenciación, no deja de leerlo, así tenga cientos y hasta miles de páginas; pues, sigue avanzando, es decir, leyendo y leyendo con una degustación especial que le es muy propia y adecuada en cada lector que, a su manera, se apropia de acciones micropolíticas de lenguaje que le llegan al fondo de su conciencia más sentida desde la reflexión, el cuestionamiento, la duda, la interrogación o la aceptación de diversas ideas que las piensa y repiensa hasta que quede satisfecho o quizá inconforme; incluso, pueda que llegue a poner en crisis su relación con el lenguaje que el texto potencia en cada página.
En todo caso, que el texto logre que el lector se disponga a pensar, es porque ya quedó atraído por él. Pues, lo mejor que el texto puede lograr en el lector, es ponerse a pensar, porque eso significa “atreverse a pensar, e incluso, es arriesgarse a pensar: es un aventurarse, pues el pensamiento que se lanza a su propio vuelo nunca sabe a dónde llegará” (De la Borbolla, 2019, p. 17), tal como sucede en una sabrosa conversación entre contertulios que ríen, discrepan, gozan, discuten, comentan, afirman, mienten o dicen verdades muy contundentes en donde cada uno, al final, saca sus propias conclusiones.
Así sucede con el texto que, en manos de un lector atento, motivado y libremente entregado al placer de su lectura, provoca reacciones muy diversas según sea la naturaleza psico-socio-cultural de ese lector que, a veces, puede encontrarse con
la extravagante idea de que el placer es una cosa simple, por lo que se lo reivindica o se lo desprecia. No obstante, el placer no es un elemento del texto, no es un residuo inocente, no depende de una lógica del entendimiento y de la sensación, es una deriva, algo que es a la vez revolucionario y asocial y no puede ser asumido por ninguna colectividad, ninguna mentalidad, ningún idiolecto. ¿Algo neutro? Es evidente que el placer del texto es escandaloso no por inmoral sino porque es atópico. (Barthes, 2015, p. 33),
es decir, único, distinto a todos; se trata de un yo lector que, como en ninguna otra manifestación humana, tiene la libertad de pensar, sin ninguna presión externa que no sea la de su propia formación, para crear su propio mundo de pensamiento, de lenguaje, de sentir y de ver las cosas y de articularlas y de comunicarlas bajo los parámetros de su propia cultura, de su manera de ser para consigo y para con el mundo que le rodea.
En conclusión, el brío del texto lo descubre personalmente cada lector, dado el contacto físico con el que, intelectual y emocionalmente, le es posible comunicarse de manera muy diferente a lo que sucede con los espectros digitales que “son más voraces, desvergonzados y ruidosos. Esta comunicación espectral es una comunicación sin presencia, una comunicación fantasmal. Nos deprime. Solo la presencia [del texto en físico] nos hace felices” (Han, 2024, p. 67), porque nos permite crear nuestra propia narrativa, fluidamente pensante, consistente, y que nos acerca a la vida real, dado ese mundo de ideas que, gracias al entramado de las palabras, nos hace vivir con el pensamiento que late en los ojos de la memoria.
Referencias bibliográficas
Barthes, R. (2015). El placer del texto y lección inaugural. Traducción de Nicolás Rosa y Oscar Terán. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Borbolla de la, Ó. (2019). La rebeldía de pensar. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
Han, B-Ch. (2024). La tonalidad del pensamiento. Traducción de Lara Cortés Fernández. Barcelona: Paidós.